María Lionza, 1992

Serie en Color

En julio de 1991, H. Méndez Caratini viaja a Caracas, Venezuela, invitado por la Fundación Polar. Se reúne con el personal directivo de dicha empresa para establecer sus contactos. Tres meses más tarde, regresa para fotografiar en la sagrada montaña de Sorte (a orillas del río Yaracuy) acompañado de su guía personal -el célebre fotógrafo venezolano Mariano Díaz.

El culto a María Lionza es un movimiento de sanación popular, con profundas raíces indoamericanas. Ella es la reina, la protectora de la naturaleza y defensora de la tierra. Este culto combina un gran número de influencias sincréticas (por ejemplo: María Lionza tiene una relación directa con Nuestra Señora de Coromoto -la patrona de Venezuela) y rituales chamanísticos de curaciones, velaciones y despojos (baños de limpieza). Las velaciones son unos ritos de ayuda espiritual. Con el tiempo, su culto se transformó en una forma de espiritismo (tipo Allan Kardec), mezclado con ritos mágico-religiosos. El mismo está formado por comisiones espirituales llamadas cortes -las cuales representan los componentes étnicos de la nacionalidad venezolana.

Algunas de las principales cortes son: Corte de las Tres Potencias compuesta por María Lionza, el indio Guaicaipuro y el Negro Felipe (ambos fueron líderes en las luchas de resistencia contra los conquistadores); Corte Indígena perteneciente a los grandes caciques venezolanos; Corte Africana está formada por distintas celebridades de la raza negra (a partir de 1970 se incorporan los orishas del panteón afrocubano, así como las Siete Potencias Africanas); Corte Libertadora es encabezada por Simón Bolívar y demás próceres de la independencia; Corte Médica es liderada por José Gregorio Hernández (bondadoso médico de finales del siglo XIX, benefactor de los pobres); Corte Vikinga agrupa a los espíritus nórdicos conocidos por sus ferocidad. Además de estas cortes, existen muchas más.

Venezuela

El culto venezolano a María Lionza es un movimiento de sanación muy popular, con raíces ancestrales indoamericanas. El culto combina un gran número de influencias sincréticas –por ejemplo, la representación de María Lionza como la Virgen María- y rituales shamanistas.

Ricardo Viera
Lehigh University Art Galleries
Director / Curador
Bethlehem, PA
Octubre de 2003

Venezuela

The Venezuelan cult to María Lionza is a very popular healing movement with Indo-American ancestral roots. The cult combines a large number of syncretic influences (such as María Lionza being the representation of the Virgin Mary) and shamanistic rituals

Ricardo Viera
Lehigh University Art Galleries,
Director / Curator
Bethlehem, PA
October 2003

El Culto a María Lionza

“En el Reino de los Cielos
no hay grandeza que conquistar.
El hombre solo puede hallar su grandeza,
su máxima medida, en el Reino de este Mundo.”

Alejo Carpentier

El Culto de María Lionza es una especie de religión creada para solucionar los problemas universales que aquejan a la humanidad. Este culto utiliza ritos que satisfacen las necesidades espirituales y morales, los anhelos socio-económicos del pueblo venezolano, tanto de la clase media, como de la clase humilde. Las prácticas tienen fines utilitarios y buscan solucionar rápidamente los problemas existenciales de los que acuden a ella; tales como: resolver los problemas de salud, de inseguridad económica, frustración amorosa, proteger sus bienes, etc. La popularidad de este culto llevan a sus creyentes a confiar en los casuales golpes de suerte o encontrar alivio y respuestas en los poderes mágicos y sobre naturales de la divinidad María Lionza.

Este culto presenta una síntesis de creencias y prácticas, que se han formado alrededor de numerosos seres sobrenaturales, a quienes se invocan para que realicen favores. Las divinidades se manifiestan en los mediums (personas con facultades para caer en trance, recibir un espíritu y oficiar rituales en su nombre) y a través de la materia (persona en cuyo cuerpo se encarna un espíritu) se consultan los espíritus, quienes aconsejan a la persona que acude solicitando ayuda. La consulta se lleva a cabo en presencia del banco (maestro de ceremonias que asiste al medium y transmite los mensajes que comunica el espíritu) que interpreta la voluntad de la fuerza que se manifiesta. El creyente se somete a ciertos ritos, de índole mágico-religiosos o curativos, para lograr los fines deseados. Cuando este lleva a cabo las prescripciones al pié de la letra, se le solucionan sus problemas.

El Culto de María Lionza es uno mágico-religioso sincrético que tiene sus orígenes míticos en tiempos ancestrales, antes de la Conquista Española. Narra la antigua leyenda que María Lionza era una bella india de ojos claros (según las tradiciones indígenas, una niña de ojos claros le traería mala suerte a la tribu) y cabellos castaños. Por lo tanto, los indios la querían sacrificar al dueño de la laguna, una temida y gigantesca serpiente. Pero su padre (un cacique de los Indios Caquetíos) se negó y la escondió en su bohío. Cuentan que un día, cuando la joven llegó a la pubertad, se acercó a la laguna por primera vez para ver su rostro reflejado en el agua; pero de repente se le apareció una anaconda que la agarró y se la llevó hasta las profundidades. Con el pasar del tiempo, la bella muchacha se convirtió en una deidad acuática, dueña del agua, protectora de los peces, de la naturaleza, la flora y la fauna selvática.

Otro interesante relato sobre el origen de este mito indígena narra que una bella caquetía, que tenía facultades de medium, fue nombrada sacerdotisa de un culto aborigen. Cuando llegaron los conquistadores, ella huyó a la montaña y llamó a su pueblo para que defendieran su raza indígena y tierra. Los españoles la proclamaron bruja y la ejecutaron. Mas tarde, recibió los poderes sobrenaturales de las fuerzas telúricas y se convirtió en una divinidad que ayudaba a los indígenas en su lucha contra los opresores. Los frailes, para calmar a los indígenas, les dijeron que se trataba de la Virgen María y por ende le dieron el nombre de María la Onza. Es notable señalar que en el estado de Yaracuy existió una parroquia fundada en tiempo colonial con el nombre de Nuestra Señora de María la Onza del Prado de la Talavera de Nivar. Durante la conquista española, para facilitar la evangelización, los frailes fundaban sus iglesias en los lugares donde anteriormente se le había rendido culto a las deidades indígenas; por lo tanto, es muy posible que algunos elementos de estos cultos mas antiguos se infiltraron en la nueva fe. Este hecho histórico denota que en esta región central montañosa existía un culto a una deidad femenina indígena, mucho antes de que los indios fueran convertidos al cristianismo.

En otras leyendas de tribus amazónicas, culturas de cazadores y recolectores, existía una deidad femenina que cabalgaba por la selva sobre un jabalí, una danta o un jaguar. Ella perseguía a los cazadores que destruían la fauna. En la narración del mito anterior se alega que una onza fue la que tomó a María Lionza bajo su protección y la dotó de sus poderes mágicos. La onza es un mamífero muy parecido a la pantera o al leopardo. Hoy en día su imagen es comúnmente representada por una estatua de una mujer voluminosa que cabalga desnuda sobre una danta – un tapir salvaje.

La sagrada montaña de Sorte es el aposento principal del Culto de María Lionza. La montaña está localizada en Chivacoa, en el Estado de Yaracuy. Como deidad acuática, los ríos, las lagunas y pozos tienen mucha importancia en sus rituales. Por lo general, el lugar de adoración de esta divinidad se encuentra localizado en quebradas, cercanas a chorros de agua cristalina, donde los fieles pueden tomar baños de purificación. Los portales (altares) en Sorte se encuentran a la orilla del Río Yaracuy, que nace en esta montaña. De igual forma, otro indicio sobre la existencia de un culto local a esta deidad señala que durante el siglo XIX un italiano, al ser cuestionado por sus vecinos porque visitaba tanto la montaña Fila de Enjalma, les declaró “que la montaña trae mucha sorte” (suerte). De esta folklórica anécdota, posiblemente, se derive el nombre por el cual se conoce hoy a la montaña sagrada de Sorte.

En el primer siglo de la colonización, los valles centrales de Venezuela fueron poblados por colonos españoles. Los cuales trajeron consigo a esclavos negros para que trabajaran las minas de oro y de cobre en la región. De esta forma hace mas de tres siglos, el proceso de mestizaje se llevó a cabo y culminó con la mezcla de las tres razas: la indígena, la blanca y la negra. Durante la época colonial en el Nuevo Mundo uno de los principales lazos que unificaron a estas tres razas y sus culturas (que se fueron amalgamando hasta formar al actual pueblo venezolano) fue la religión Católica. Para muchos adeptos María Lionza es la representación de la Virgen María (mejor conocida como la Virgen de Coromoto, protectora de Venezuela). Por lo tanto, es notable señalar que su figura tenga un aspecto patriótico y nacionalista. A María Lionza popularmente se la llama la Reina, en alusión a las invocaciones a la Virgen en las letanías, y los adeptos acostumbran rezarle un Ave María cuando ella toma posesión de un medium.

El propósito principal de este culto es la comunicación directa con los espíritus, para lograr favores. Uno de sus principales ritos es la velación; la cual se lleva a cabo para realizar una curación, purificación o iniciación de un medium. La persona que se somete a este ritual se acuesta boca arriba en la tierra. A su alrededor los mediums le encienden numerosas velas de distintos colores, le hacen numerosos dibujos en talco y pólvora, le echan distintos tipos de líquidos sobre el cuerpo, le soplan humo de tabaco encima y le recitan cánticos hipnotizantes pidiéndole “Fuerza-fuerza-fueeeerzá”. La persona hipnóticamente entra en trance y se siente como si estuviera flotando en el aire. Luego, cuando termina el ritual, sale con el cuerpo relajado, descansado y pasa a ser bañado en el río. Por acto de magia, milagrosamente se le han curado todas sus perturbaciones y ha quedado limpio.

Las velas de estas rogaciones son la representación de la luz terrenal, la claridad en las tinieblas del espíritu y se prenden para invocar y agradecer los favores. Cada color de vela tiene su propio significado. La vela blanca simboliza pureza, la amarilla fuerza y evolución, la roja protección, la rosada el amor, la verde es contra los males, la azul para encontrar lo perdido, la morena es la asistencia del Nazareno y la marrón el valor de la Corte India Venezolana. Las velas no se deben de apagarse y para cumplírsele el deseo al adepto, ellas se consumen solas.

Los dibujos que se hacen con talco en la tierra, para velar a la persona, se realizan con distintos diseños. Para atraer al espíritu se acostumbran utilizar símbolos de protecciones, de cruces y triángulos, entre otros diseños. La estrella, por ejemplo, se compone de varios triángulos y el triangulo, de por sí, es un magnético-natural, que atrae las fuerzas cósmicas para dejar la materia limpia y prístina. Para rechazar a los espíritus vagantes se realizan dibujos con pólvora negra, la cual se enciende y explota, ahuyentando a los malos espíritus.

En el ritual del tabaco, el medium reza un Padre Nuestro y se fuma un puro. Para convocar a los distintos espíritus y saber si se puede oficiar un ritual el medium acostumbra trazar en el aire una cruz con el tabaco por los cuatro puntos cardinales. Mientras va invocando con la mente, el tabaco va limpiando, destapando y abriéndole el camino a las fuerzas positivas del bien. Cuando se abren los caminos el espíritu se le incorpora a la persona que lo recibe y de esta forma automáticamente cae en trance.

Los licores utilizados en estas ceremonias se consideran sagrados y tienen como fin atraer y contentar a los espíritus. Por lo general, cuando el medium trabaja con los espíritus africanos utiliza el ron, cuando son espíritus celestiales utiliza el vino (como en la consagración de la misa) y cuando lidia con la Corte India utiliza el cocuy, que los indios llamaban guachinga y era el licor sagrado de los dioses para invocar a los muertos, curar calenturas y resolver pleitos de guerras. Los mediums usualmente lo escupen o lanzan en lluvia por la boca sobre la persona o materia con la cual se esta trabajando la velación.

Otros rituales de este culto son los llamados despojos o baños. Estos se llevan a cabo en fuentes de agua corriente, tales como quebradas o ríos. En estas ceremonias el medium les lava el cuerpo a las personas con diversos tipos de líquidos – para purificarlos, limpiarlos y protegerlos de las malas influencias – a la misma vez, el banco (ayudante), lo va asistiendo con oraciones y una vez finalizado el despojo sumergen al iniciado en el agua. Estos baños se llevan a cabo con jabones especiales, con esencias de saca-saca, licores, agua bendita, ramas y purifican el ritual con tabaco. Estas ceremonias se preparan individualmente, para cada persona, dependiendo de la fuerza que necesita cada trabajo espiritual. Por ejemplo: para bañar a un individuo con espíritu rebelde, se utilizan esencias de amansa-guapo o de mamón macho, conjurado con un padre Nuestro y un Ave María. Para espíritus de paz los bañan (o rocían) en forma de cruz con colonia, olivo santo, jugo de patilla, esencia de alhelí, mastranto y/o artemisa.

Para los indígenas el tambor jugaba un papel protagónico. Era como una oración que les servía para todo. El brujo, o curandero de la tribu, lo utilizaba para curar los enfermos, para envalentonar a los guerreros, para enterrar a los muertos, para pedir la lluvia en tiempos de sequía y para alegrar las danzas ceremoniales. El tambor esta íntimamente ligado a las fuerzas de la naturaleza, las cuales convoca en los rituales. También, el tambor tiene la característica de conjurar el magnetismo del velado y es señal mágica de poder en el Culto de María Lionza.

Como he reseñado anteriormente, María Lionza es una fuerza telúrica que le rinde culto a los grandes árboles de la selva. Sus seguidores creen que allí viven los espíritus de la naturaleza. Los portales en Sorte casi siempre se encuentran localizados debajo de frondosos árboles; muchas veces enormes ceibas, en cuyas raíces los fieles colocan velas y ofrendas. Los adeptos veneran estas ceibas porque tienen las raíces tan largas y profundas que dicen que llegan hasta el palacio subterráneo de la Reina.

La Reina María Lionza intercede con los espíritus y divinidades, ante el Gran Poder de Dios, para otorgarle los favores a sus devotos. Estos espíritus se agrupan en cortes o líneas. Entre las cortes principales (divisiones en las que se agrupan estos espíritus) que encontramos hoy en día en este panteísmo se aprecian y destacan los siguientes altares o portales en honor a:

Corte de María Lionza: María Lionza, sus vasallos y parientes, los “dueños” de los ríos, las montañas y los espíritus de la naturaleza llamados “Don Juanes”.

Corte de los Indios: Yoroqui, Sorocaima, Chacao, Yaguari y otros grandes caciques venezolanos de la heroica resistencia de los aborígenes contra los conquistadores.

Corte Médica: Dr. José Gregorio Hernández, José María Vargas, Luís Razetti, Don Nicanor Ochoa y otros prominentes médicos venezolanos.

Corte Africana: Las Siete Potencias Africanas (las siete divinidades Yoruba, recientemente introducidas por la Santería Cubana).

Corte Vikinga: El Vikingo, el rey Olaf y sus hijas Erika y Andaraona.

Corte del Libertador: Simón Bolívar (Padre de la Patria, símbolo de la nación), el Negro Primero (uno de los lideres de la lucha por la independencia venezolana y compañero de Simón Bolivar), el Negro Miguel (líder de una sublevación de esclavos en 1552).

Corte Celestial: la componen los santos católicos.

Toda tradición evoluciona y cambia a través del tiempo. El Culto de María Lionza no ha sido la excepción. Durante el siglo 20 el espiritismo a la Kardec floreció en los círculos de intelectuales. Para darle mayor colorido, algunos bancos adaptaron las ideas y ritos esotéricos de las sectas espiritistas norteamericanas y las incorporaron en sus ceremonias. Los ritos de posesión son un fenómeno muy común en los centros espiritistas. Durante los 1930s el espiritismo Kardeciano llego a ser un pasatiempo de la clase alta. Posiblemente, mas tarde, las sirvientas de esta clase alta, provenientes de las clases mas humildes, introdujeron y popularizaron estos ritos de posesión al Culto de María Lionza

En años recientes se ha visto cierta influencia externa traída por refugiados de otros países a Venezuela. Grupos étnicos han traído consigo mismo otras aportaciones al culto. Entre estas diversas influencias y ritos esotéricos se destacan el vudú de Haití y Trinidad, el Obeah o la hechicería de las islas antillanas de Grenada y Barbados, al igual que otras tradiciones mágico-religiosas de grupos negroides colombianos provenientes de la costa del Atlántico.

Pero la mayor transformación que ha experimentado el culto ha sido la influencia de la Santería Cubana, traída a Venezuela por los exiliados cubanos durante la década de los 1960. Las Siete Potencias Africanas son un culto de religiones nigerianas compuesto de las deidades del panteón Yoruba: Changó, Ochún, Yemayá, Oggún, Orula, Obbatalá, Elegguá. En esta sincrética Corte Africana cada deidad o orishá tiene su santo católico, tales como: Santa Bárbara, la Virgen de la Caridad, la Virgen de la Regla, San Pedro, San Francisco de Asís, la Virgen de las Mercedes, entre otros. La combinación de orishás y santos juntos componen una unidad que suelen adornar estos altares.

El aporte africano jugó un papel muy importante en la transformación popular del Culto de María Lionza. El uso de las conchas marinas y de pedazos de coco para los ritos de la adivinación del Ifá, son influencias de la Santería. Su intervención contemporánea ha hecho posible que el personaje principal de María Lionza pierda su posición central, llegándose a convertir en otro espíritu mas invocado por los creyentes.

Todo esta amalgama, del ritual pagano con lo católico, ha creado una especie de realismo mágico sudamericano, donde uno no sabe cuando comienza o termina la realidad o la magia. Este culto a los espíritus de la naturaleza, con influencias espiritistas Kardecianos y de la Santería Cubana, ha convertido a María Lionza en un conglomerado de ritos mágico-religiosos con fines utilitarios, donde los adeptos acuden en búsqueda de milagros para sus aflicciones.

Su altar principal es un ícono de elementos patrióticos y nacionalistas. El mismo esta compuesto por la imagen de María Lionza (como dicho anteriormente, representa la Virgen de Coromoto, protectora de Venezuela) localizada en el centro, rodeada a ambos lados por las imágenes del Indio Guicaipuro (cacique de los indios del Valle de Caracas, que combatió a los españoles durante la conquista) y el Negro Felipe (figura prominente en la lucha cubana por su independencia). En el folklore popular, el Culto de María Lionza simboliza el mestizaje de las tres razas – la “trinidad venezolana”– y por ende también, glorifica la heroica figura de El Libertador Simón Bolívar (El Padre de la Patria).

Héctor Méndez Caratini

Isla Verde, Puerto Rico
Junio de 2007